Anochece
en un frío día otoñal, a la sombra de las adelfas en el Lorianilla se baña este
petirrojo utilizando como bañera la pisada de un borrego que ha dejado un
adecuado cuenco para dicho menester. Me llama la atención las consecuencias que
pueden dejar nuestras huellas, incluso aquellas que no somos conscientes de
dejar.
Esta
semana, lo que digo se me ha hecho manifiesto, pues una madre de uno de mis
alumnos, me ha comentado que su hijo el año pasado cogió una fobia terrible a
la biología, incluso dejando en su propósito hacer algo en el futuro relacionado
con ella, este curso le vuelve el interesar, y lo que es más interesante, a
volver tener ilusión por su estudio. Tengo que decir que este chico es de diez
en todas las asignaturas, y de un comportamiento ejemplar. El año pasado no fue
alumno mío.
Hay que
pisar con cuidado, especialmente cuando nuestra huella influye en el futuro de chicos
que ilusionadamente tienen proyectos en una sociedad muy desilusionante
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