En
Evoramonte nos esperaban simpáticos gatos, desesperados porque la niebla les
impedía calentarse bajo el dulce sol de diciembre, pacientemente frente a la
oficina de información turística esperaban que cambiase el tiempo y algún rayo
de luz les caliente este día tan gris.
Seguimos
calle abajo, hacia el convento, y a media calle nos sale esta gata con collarín
rosa y rabo gordo, no deja de hacernos carantoñas, mientras atentamente nos
mira con sus enormes ojos azules, nos sigue hasta la salida del recinto
amurallado por la puerta do Freixo, y al detenernos en el pequeño cementerio
frente a la iglesia del convento de Nuestra Señora de la Concepción brinca a lo
alto del bajo muro del cementerio. La gata se nos coloca frente a nosotros, a
la altura de nuestros ojos mientras mira a las tumbas vigilante que no trasgredamos
los limites del campo santo.
Dejamos
el lugar pues la niebla no levanta, y sabemos que cerca luce el sol, mientras
que la gata nos despide con su plumero como rabo, sin perdernos de vista
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