Como
tantas otras aves, la avefría, es buena aliada del pastor quitando una pléyade
de, cuando menos molestos, insectos que trasmiten enfermedades, además de ser atraída
por unos caracolillos que transmiten la duela del hígado en el ganado
ocasionando enormes pérdidas. Sin embargo, como a tantas otras silenciosas
trabajadoras, se le responde con el tiro o envenenado los campos, con lo que el
problema cada vez es mayor, al eliminar los verdaderos aliados y propiciando la
plaga.
Su
vuelo es de batido suave y ondulante, mientras lanza un dulce maullido de
gatito, siendo uno de los elementos característicos de los campos extremeños en
invierno, es ave frecuente en multitud de medios, desde los más humanizados a
las dehesas extensivas.
Se ha
observado un descenso generalizado de sus efectivos poblacionales por
diferentes causas, todas ellas ligadas a actuaciones humanas, desde la
recolección incontrolada de huevos a la intensificación agrícola
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